lunes, 2 de diciembre de 2013

BOOM

Las bombas explotaron una a una, nadie cortó las cables, y ninguna fue tan grave.
Primero el aniversario de los 3 años, no fue tan doloroso, y hasta llego a parecerme gracioso. 
Después, el día siguiente, explotó la bomba de la edad, los 18. Quizás me dolió un poco que mi viejo no me salude, que me ignore, que sea ya la segunda vez que estando vivo no está conmigo. Pero lo pude aceptar, pude pasarla bien con otras cosas, con mis amigas, con los regalos que me dieron, con la comida, con mi vieja, mi hermana, mi abuela, con el resto que trataba de armonizar la ruptura.
Y, por último, explotó la bomba del egreso, esa bomba que venia pidiendo explotar desde principio de año, todas las ansias, todos los nervios, todas las expectativas, lo que podía pasar y lo que no; todo eso terminó. Una noche. La pasé muy bien. Bailé, grité, reí, no lloré, comí, puteé, todo hubo más de lo que esperaba en muchos aspectos y menos en algunos otros, esperaba ver a ciertas personas que no vi, y no ver a otros que sí. Más allá de todo, lo disfrute mucho, como cualquiera, como ninguno. 

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