lunes, 18 de julio de 2016

Príncipes que llegan, o tal vez no.

¿Serás el que rompa mis esquemas? Otra vez atribuyo propiedades a otro ser, puede que porque no me quiera hacer responsable. ¿Esta vez serás el que haga crack en todo lo que tengo fijado? ¿O serás, de nuevo, otro que me confirme lo que ya tengo afirmado? Quizás sea también crucial el papel que juegue yo, que te de las armas para desestabilizar mis escudos y defensas y que deje en el camino migas de pan para que sepas cómo llegar, cómo llegar de la manera que me desestabilices para caerme rendida, no a tus pies, sino a los pies de mis ideales, para que destruyas mi torre de argumentos en contra de tantas cosas y arranquemos a la par a construir unos nuevos. Anda a saber si sos, si te dejo. ¿Estoy de vuelta pensando en que el príncipe de Disney puede llegar? No estoy segura. Serán las ganas de querer, de querer, también, que me quieran. Serán las ganas de pensar en algo más que estudiar, o las ganas de ver todo, experimentar siempre un poco más. ¿Y vos querrás tomar ese papel? ¿Tendrás los títulos suficientes para ser el príncipe? Aunque, no se lo digas a nadie, pero prefiero a los campesinos, saben luchar mejor y están menos estereotipados, quizás, qué se yo. Puede que te dé las armas, puede que ya esté dejando las mías si ya me estoy planteando esto. Puede que no. Que escriba para arrepentirme, para leerlo en unas semanas y contestar a todo con un no rotundo, con un meneo de cabeza y dejar un suspiro y un "ilusa", otra vez. Tal vez, la mejor solución a todo es esperar, y claro que es la que voy a efectuar, pero las dudas siempre son buenas dejarlas, para ver en qué momento se empieza a divisar el derretimiento del hielo, aunque tal vez sea esa la ilusión porque resulta que hay un iceberg que no se va a romper nunca, o era una parte chica que flotaba sin nada atrás, como de carnada, solamente para generar una duda pero dejando intactos todos los cimientos de mi montaña de hielo. Anda a saber, (y a mí) anda a esperar.