Hay veces, muchas veces, que me dan ganas de abrazar a la gente, a esos desesperados que van por la vida gritando que les falta una mitad, que la están buscando, como si fuese posible andar de a mitades, como si fuese posible que estuviesen vivos con medio corazón, un pulmón, un riñón, medio cerebro, tuertos, 16 dientes, etc. Los quiero abrazar y decirles ¡estás entero! ¡deja de buscar en otro lo que está en vos!. Hay veces también me debería abrazar a mí misma y decirme eso.
Juro que los he visto, andar llorando, insultando al destino, a los días, a todo lo que se les está cruzando en el camino porque están solos, incompletos, porque les falta el alguien que los llene, que los complete. Les he visto la envidia en los ojos cuando se enteran de otras personas que están acompañadas. Los vi también preguntándose qué es lo que están haciendo mal, en qué están fallando.
Me gustaría poder tirar la primer piedra y decir que estoy totalmente libre de ese pecado, pero yo también he caído, y supongo que seguiré cayendo, en ese cliché de que me falta algo, de que tengo ganas de estar completa, de que no soy suficiente en el momento para mí misma.
Sin embargo acá estoy, dándome el lujo de sentir lástima por todo eso. No es que haya llegado al Nirvana ni mucho menos, pero supongo que llegué a algún claro, a una pausa en mi mente, a una pausa hormonal. Me di cuenta que afuera no hay nada que no tenga ya adentro, que otro no me va a completar, ni siquiera complementar, que otro es otro, y que es más parecido mi omóplato y mi amígdala que los corazones de dos personas diferentes. La armonía está en mí. Adentro. Soy un sistema. Somos sistemas, ya completos, ya definidos, ya enteros. Y si lo que quiero es a alguien más, primero tengo que estar consciente de que yo ya soy, de que lo que tengo para dar está en mi, y que no necesito tomar de un otro para existir.
No por eso voy a negar que quiero que llegue ese alguien que rompa esquemas, me acompañe a pintar los días y a llenar grabaciones con risas, de esas de las que son verídicas. Pero quiero que llegue, no lo busco, no lo ansío, sé que puedo vivir y tener eso que es la felicidad, esos momentos, que puedo experimentar, sentir, todo, completamente, no es que ahora estoy riendo a medias, porque me falta esa mitad, no es que esté pensando a medias porque esa persona no está, no. Ya estoy completa, ya estoy viviendo, ya estoy teniendo mis ratos de felicidad y también por qué no los de tristeza. Ya soy. Y no quiero menos. Así como tampoco tengo menos.
A vos, que probablemente sea yo dentro de un tiempo, cuando me re-lea, no me falles, no des menos de lo que esperas, no esperes menos de lo que das. Ya sos un ser, ya hay armonía en cada acción, en cada sentir, ya está equilibrado tu universo, ya estás en el agua, como ser completo, ya podes nadar y flotar. Compañías nuevas no se van a llevar tu corazón, puede que dejen recuerdos, llantos, y otras cosas, pero no te van a des-membrar. Y todo lo que dejen no es por vos, es por ellos. Lo mismo vas a hacer vos. Todo lo que hagas lo haces por vos, o eso espero. No vivas por el otro, ni en el otro. Viví por vos, llora, reí, abraza, ama, canta, todo, por vos, para vos. Sin herir a propósito, respetando, creyendo, con lo que te sientas mejor, haciendo todo lo que harías tus últimos días de vida, como una persona completa, entera.