¿Qué pretendo ser de todo lo que no soy? Hay tanto para elegir que me quedo boquiabierta sin tomar ninguna decisión, esperando que las cosas caigan por la gravedad, que las oportunidades lluevan y no me tenga que esforzar en nada, quiero ser todo y no soy nada, ni hago nada para ser más de lo que no soy.
Me pierdo en sentimentalismos que no creo, en mentiras que no terminan más y en verdades que dejo ocultas en mi inconsciencia y sólo salen a relucir en las madrugadas de borracheras o en las horas cannabicas. ¿Qué podría dar de lo que no doy? ¿Con qué podría quedarme de lo que tengo?
Hay ratos en los que quiero silenciar el mundo, sólo quedarme con el movimiento de los árboles y el piar de los pájaros, quiero que sea eterno el silencio y la calma, y que hasta mi mente se calle. En cambio, en otro momentos quiero el huracán que le precede a toda calma, quiero que el mar sea violento, que caigan rayos, que suene la música a todo volumen, que no se escuchen aves porque están escondidas.